domingo 13 de marzo de 2005 Domingo en Viaje
Visiones de India
 
 

La bailarina Paula Meru se apronta a viajar por tercera vez a India. Nuevamente se vestirá con velos, se peinará con aceite de coco y madrugará para practicar los pasos de la antiquísima danza bharata natyam, un baile en el que los movimientos corporales son tan importantes como los gestos. En un pueblito sin turistas donde los templos se abren al amanecer, esta chilena nacida en el centro de Santiago volverá a vivir entre indios y a concebir sus propias visiones de India.


Texto: Paula Andrade D.

Retrato: José Luis Rissetti

Paula Meru podía sentir las miradas de desprecio cuando llegó a India. Si no era un cuchicheo a sus espaldas, descubría los ojos desdeñosos de alguna mujer. La chilena no sabía la razón. Precisamente para pasar inadvertida, usaba un traje típico que llaman churidar: un pantalón y una larga túnica. Cada mañana, además, se trenzaba el pelo y se maquillaba con cuidado. Paula Meru tenía entonces 27 años y acaba de dejar atrás su carrera de bailarina en Santiago. Había hecho un "quiebre", como dice ella, largándose al extremo sur de India, a un pueblito del estado de Kerala donde los turistas sencillamente no llegan.

Las clases de danza bharata natyam comenzaban muy temprano, a eso de las siete. La vida en Payannor, el pueblito keralí adonde fue a parar, partía horas antes. Y Paula Meru nunca salía de su casa sin acicalarse como creía correcto. Un buen día la esposa del maestro de danza le preguntó, con tono de reproche maternal, por qué no se bañaba. La bailarina supo entonces que aunque se bañara, se peinara y se maquillara, para las mujeres indias siempre iba a parecer desaseada si no se ponía sobre el pelo una dosis generosa de aceite de coco.

- ¡¿Aceite de coco?!

- Si no te lo pones, quiere decir que no te bañas. Lo usan hombres y mujeres. Tiene un olor muy particular y el pelo efectivamente se ve aceitado. No tiene que quedar ni un pelo suelto, porque eso se entiende como un descuido personal - recuerda esta mujer que nació hace 31 años como Paula Moreno, pero que adoptó como apellido el nombre de un monte de los Himalayas.

Paula Meru regresó en septiembre de su segundo viaje a India, sabiendo no sólo los rudimentos de belleza que desconocía en su primer periplo, sino mucho más de la compleja danza que se le ocurrió aprender y que se considera una de las más antiguas del país.

Ahora se prepara para viajar de nuevo en pos de mejorar las "posibilidades rítmicas" de la técnica, mientras dicta cursos de bharata natyam en su propia escuela de la calle Román Díaz. Allí, entre cojines y tapices coloridos, respirando incienso y con música de fondo, la chilena da pistas señeras de la vida cotidiana en la lejana India.

- ¿Te acuerdas del primer día de clases? Me imagino que te sentías como en corral ajeno.

- Absolutamente. Yo estaba muy nerviosa. Hay un montón de ritos a los cuales debes estar atenta. Por ejemplo, en la escuela hay dos puertas. Una para que entre el maestro y otra para los alumnos. Aprendes a ponerte el sari, que no es cosa fácil. Aprendes las oraciones de oídas y sólo después te dicen qué significan. Aprendes cómo saludar al maestro y cómo entregarle las ofrendas: le pasas siete hojitas de un árbol especial, más unos frutos dulces y el pago de tu mensualidad. Te arrodillas a sus pies y se los tocas como señal de respeto.

- Me dices que la bharata natyam es muy antiguo. ¿Cómo nació? ¿Como baile de cortejo o de agradecimiento?

- Es una danza-drama, una danza devocional que nació en los templos hindúes hace tres mil años. Tiene tres planos de movimiento: el rostro, del cuello a la cintura, y de la cintura hasta los pies. Cada uno de ellos puede funcionar en forma disociada. Pero no es sólo movimiento. También cuentas una historia que generalmente está basada en los épicos, en la mitología hindú. Por ejemplo, se cuenta la historia de Krishna y Rada, y el amor que nace entre ellos. Ahí ves una escena amorosa, aunque la escena tiene también una segunda lectura. Por eso dicen que esta danza necesita un público erudito.

- ¿Ah, sí?

- Claro, como es una danza-drama, vas a comprender inmediatamente la emoción que se está representando: la rabia, los celos, el amor, todo eso. Ahora, en un segundo estadio, la bharata natyam es un veda más. Es decir, un tipo de conocimiento que antiguamente estaba dirigido a la casta de los brahamines y que habla de cómo conducirse, de tus obligaciones (dharma) y de ciertos elementos que pueden verse como baches o cosas negativas (karma), pero que no necesariamente responden a una acción en esta vida. Acuérdate del principio de reencarnación, de ese concepto de tiempo circular o de que el tiempo es como un río, que está muy arraigado en la cultura hindú.

- ¿Cuándo te diste cuenta de que vivías en una cultura con otra noción del tiempo?

- Si bien soy latinoamericana y por eso me fue más fácil acostumbrarme a una vida que funciona a otro ritmo, a veces te quiebra los nervios. Necesitas un papel y puedes estar tres días dando vueltas de oficina en oficina hasta conseguirlo. Yo era extranjera, viajé para estudiar un estilo de danza, trabajaba de lunes a lunes, de siete de la mañana a seis de la tarde, y necesitaba que mi aprendizaje fuera rápido. Me acuerdo que me había sacado la mugre estudiando un paso que me tenía estancada. Llegué a la clase, se lo mostré al maestro y él me dijo muy bien, repítalo. Yo quería aprender algo nuevo, pero él no podía enseñarme nada nuevo porque era un día de luna nueva. Me quedé algo frustrada. Al día siguiente de nuevo me pidió que repitiera todo lo que había aprendido y así estuve una semana. ¿Cuándo me va a enseñar algo nuevo?, le pregunté. Y él me dijo que yo era muy joven, que él tenía 65 años y que se había pasado todo la vida aprendiendo, así que yo también tenía toda la vida para aprender, y que si no aprendía en esta vida, aprendería en la próxima. Ahí entendí que estaba frente a una concepción del tiempo completamente distinta.

- Otra cosa que en India también es muy distinta es la medicina. ¿Tuviste oportunidad de conocer la ayurveda?

- Sí. En Payanoor no hay farmacias como las que vemos acá. Sufría de lesiones articulares, alergias y problemas de presión por el cambio de temperatura, así que iba a las farmacias de medicina ayurvédica. El médico te atiende, ve lo que comes, cuánto pesas, el tono de tu piel, el color de tu pelo, tus pupilas, tus uñas, tu pulso y llega a un tratamiento determinado, a través de aceites que tienen en unas botellas muy grandes. Hay aceites calientes y aceites fríos, y su uso depende del tipo de dolencia. Por ejemplo, el aceite de coco se usa caliente y, al hacerte una friega, te eleva la temperatura. Y al revés, el aceite de sésamo, que es el más requerido en las artes escénicas, se usa frío para bajar la temperatura.

- ¿Cuáles son los puntos más turísticos del estado de Kerala?

- Trichur, que es la ciudad cultural de Kerala. Muchos turistas van a una playa que se llama Kovalam, que es muy bonita. Y también hay un sitio que se llama Fort Cochin, donde se asentaron los portugueses en el siglo 16, que conserva la arquitectura de la época y donde puedes encontrar comida de todas partes del mundo: italiana, china, la que quieras. Es uno de los lugares de India que más me gusta.

- ¿Qué hay de las compras? ¿Cuáles son los productos típicos de Kerala?

- Una de las cosas que más se produce es aceite de coco, así que ¿cómo no te vas a traer una botellita? Lo otro son los aceites ayurvédicos, que tienen para todo. Y están los saris keralíes, que son blancos con ribetes dorados, muy bonitos. Puedes identificar las regiones de la India según los saris de las mujeres. En Tamil Nadu, los saris son de seda, de colores, con ribetes bordados más gruesos. En el norte, en Rajastán, trabajan mucho el batik o teñido, por eso te encuentras con colores alucinantes, además de mucho trabajo de lentejuelas. Allí puedes ver a toda la familia bordando, desde la niña más pequeña hasta la abuelita.

- A propósito, ¿todas las mujeres indias usan tantas lentejuelas, velos, pulseras y collares como se ve en las fotos?

- Las mujeres se embellecen muchísimo, incluso para ir a la esquina. Tienen la idea de que al hacerlo no sólo se embellecen para ellas mismas, sino también para Dios y que Dios también es el otro. Piensa que el trabajo de decorarse las manos y pies con henna les toma fácilmente un día entero. Y si se van a casar, les puede tomar dos o tres días, porque de la fijación del henna en la piel va a depender el aprecio que la suegra tenga por ellas. El grado de dedicación que tuvieron con la henna está demostrando el grado de dedicación que en el futuro van a tener con sus maridos y sus familias.

- Uf. Supongo que algunas de estas visiones deben estar cambiando, especialmente en las grandes ciudades.

- Hay un grupo de intelectuales y de feministas, como Aranduty Roy y la bailarina Leela Samsom, que tienen un pensamiento más de avanzada y que apelan al cambio. Yo creo que India es un subcontinente muy grande. Hay gente que descubre un país lleno de piscinas y hoteles de lujo, y hay otra gente que únicamente ve miseria. Como dicen por ahí, de la India te enamoras o terminas odiándola, pero si te enamoras estás condenado a volver. Cada extranjero que veía me decía: no sé por qué vuelvo. Lo paso tan mal, todo es tan complicado, pero siempre termino volviendo. Creo que eso tiene mucho que ver con la presencia de la vida y la muerte. Todo está ahí y por eso uno se mira desde afuera. Uno se encuentra a sí mismo al confrontarse con la gente que vive en grandes palacios y con los que se mueren en la calle. Y creo que esas contradicciones, las que ves y las que te toca vivir, hacen que el viaje a India no se detenga con el ticket de regreso.

- Y tú debes ser de las personas que se sienten condenadas a volver, ¿no?

- Creo que sí. Cuando viajas a un lugar que te enseña, uno queda conectado. India ha sido eso para mí: un lugar donde he aprendido a caricias y a golpes también.

Paula Andrade D..